El Lazareto de Contratación Santander

Patrimonio histórico de la nación, ley 1435 de 2011

CONTRATACIÓN: Nombre originado debido a la existencia en la zona, de una CONTRATA (contrato) o compra de quina, muy abundante en la región, uno de los principales productos de exportación en el siglo XX. Todavía en 1975 se encontraba en la Cordillera Occidental algunos árboles. La materia priora referida era empleada como fármaco para combatir el paludismo. Los comerciantes de la cáscara la negociaban directamente a sus extractores en este sitio. De ahí el vocablo o palabra, entre contratistas, de CONTRATA, nombre por muchos aun pronunciado debida a la costumbre o tradición. Posteriormente le agregaron la otra sílaba y el nombre primitivo se trocó en el actual. Tenemos entonces el verdadero origen del nombre, nacido de la jerga traficante de la quina.

En la Real Villa de Socorro, al parecer desde la época del Virrey Ezpeletas o más antes, funcionaba un hospital destinado a la reclusión de hansenianos oriundos de la provincia Comunera y zonas aledañas, denominado El Regadillo. Muchas cábalas, contradicciones y más cábalas, aseguran que la lepra vino a la ciudad, gracias a la traída, que hizo un comerciante de Mompós, de una negra esclava hanseniana para el servicio de la familia Domínguez, que le pegó la enfermedad a una hija de aquél burgués hogar. El primer leproso, se dice también fue un señor de apellido Cárdenas. Otros, bajo juramento, declaran que de aquella ciudad, don Félix Ramón de Arellano trajo una hija picada, extendiéndose así la dolencia a través de la región, debido al tráfico de géneros de algodón y mercaderías similares. En el siglo XVII, según los archivos, acampó la lepra ahí.

La población Socorrana, exasperada, frecuentemente protestaba por el peligro que para la salubridad vecinal implicaba el establecimiento aludido. Este razonamiento, juicioso y obvio a más no poder, si se tiene en cuenta el miedo colectivo al contagio por aquellas edades, fuerza al gobierno de la naciente República- en 1.822-a elegir un paraje ADECUADO y distante para trasladar al grupo de infelices gafos comuneros.

Así, surge EL CURO, leprosorio tétrico, brutal, desolado…!

Este lazareto estuvo ubicado en la orilla occidental del rio Suárez, doscientos metros abajo del puente Gómez Plata, a cuadra y media de la ribera. Comprendía unas cuantas viviendas de bahareque y paja para los reclusos, oficinas públicas y casa cural nunca habitada, pues en aquellas calendas sombrías el prejuicio respecto a la enfermedad de Lázaro era general y el temor morboso a ella ponía piel de gallina hasta en los curas y seres destinados al servicio de Dios y de sus semejantes.

Los oficios religiosos, no muy frecuentes, en la margen opuesta del mentado río, corrían a cargo del cura de Guadalupe u otro sacerdote compatriota benévolo. Cerca al lugar existía una rústica balsa de maderas bambas para cruzar el impetuoso caudal, vehículo también al servicio de los compradores de quina. El “ centro de salud “ de El Curo subsistió durante un lapso de 35 años. El hanseniano, bajo el inmenso peso de la soledad, el abandono y su cruel dolencia, en muchas ocasiones se arrojó al torrentoso carneral y finiquitó su insufrible destino-!

Las enfermedades tropicales, la ferocidad de la manigua infestada de sierpes venenosas y anofeles, también diezmó la población considerablemente.

Croniquilla de Contratación, Álvaro Ruiz Arenas (1979)

 

Desde la época de los Lazaretos se usan las palabras ENFERMO Y SANO, la primera para designar al hanseniano y la segunda al individuo conviviente exento del mal, así padezca otras enfermedades, costumbre que persiste aún. Un enfermo allí; recluido, nos contó que siendo joven aún, un buen día detrás de los quineros remontó la cordillera por sendas casi inaccesibles para llegar al sitio de La Contrata. Seducido y gratamente impresionado por la magnificencia de la zona, lo abundante de sus aguas y la variada riqueza de la fauna, llevó la noticia a los hermanos de exilio, buena nueva que acicateó el progresivo éxodo de los moradores de El Curo a la tierra de promisión, Benigno, el cronista oral, murió a la edad de 110 años.

Ante el hecho cumplido, el Estado Soberano de Santander resolvió legitimar el nuevo asentamiento naciendo así jurídicamente Contratación. El 14 de Septiembre de 1.861 el gobierno traslada aquí al último grupo renuente de atacados del mal de Hansen, no deseoso de abandonar el caliginoso clima ribereño.

En los albores del Siglo 20, en plena guerra civil. Contratación consistía en una pequeñísima aldea de casitas pajizas, muy elementales, puestas o clavadas en las partes más salientes de su geografía pantanosa y anegadiza, bañada por riachuelos chispeantes y cantarinos desprendidos de las cercanas montañas. Sus primitivas viviendas fueron construidas caprichosamente, desordenadamente, riñendo con las indicaciones del urbanismo y de la estética. Aquellas chozas madres, pasado un tiempo, cedieron el puesto a casitas más cómodas que a la vez constituyeron la génesis de lo actual; ciudad de calles tortuosas, ciegas, taponadas, de casas en caótica, disposición, sin duda el reflejo externo, mental y anímico de aquellos lazarinos primeros, trajinantes en el viacrucis dolorido de la reclusión. Así fue formándose nuestro pueblito a iniciativa y voluntad del enfermo y su familia, sin indicaciones o normas gubernativas, calladamente, pacientemente, huérfano de la ayuda providente del Estado y, muchas veces, en lucha tesonera contra la antipática hostilidad de sus administradores.

El Obispo de Tunja, funda la Parroquia de Contratación en 1.868.  Bautizada  “San Lázaro”.

Con los primeros salesianos venidos al lugar entre 1.897 y 1.898, sentaron sus reales pastorales y humanitarios cuatro dignos hijos de Don Bosco: Evasio Ravagliatti, Alejandro Garbari. Clelia Testa y María Amable Medicina, primera directora de las hijas de María Auxiliadora en la localidad, héroes y heroínas sublimes en el amor al prójimo.

A partir de 1.904 los pacientes comienzan a recibir un trato más humano. Al siguiente año el gobierno nacional, mediante disposiciones atinentes, asume la dirección del Lazareto, ordena el aislamiento de los enfermos, decreta la obligatoriedad del Estado referente a servicios médicos, drogas, ración y otras medidas de carácter social. Adscribe al Ministerio de Gobierno la conducción de los leprosorios, anteriormente dirigidos, si así puede decirse, en forma desordenada y caótica por diferentes entidades administrativas.

En obedecimiento a la reclusión obligatoria, personas de mayor solvencia económica, capacidad intelectual y prestancia social, iniciaron el exilio, trayendo consigo mejores métodos de vida y el afán de superación al lugar. Siguiendo estas pautas, la existencia se tornó menos sórdida. Las chozas, poco a poco, fueron sucedidas por viviendas menos primarias. Se construyeron casas en todas direcciones, algunas de tapia pisada o adobe, teja de barro con puertas y ventanas de madera,

Los trapiches, en el área urbana o rural, humeaban el dulce olor de la miel.

En firme, pues, se inició la agricultura; sementeras de caña, yuca, plátano, hortalizas y pastos, Sin excepción, las casas con lotes anexos vestían el ropaje verde y opulento del pan coger. Frutales, especialmente cítricos, fueron plantados con mano pródiga.

La legislación implantada relativa a la lepra y a sus pacientes, equivocada o acertada, tuvo la virtud de sacar del limbo jurídico al lazareto, para mejorar administrativamente a la insignificante aldea que vagaba a la deriva en el mar angustioso de las improvisaciones y el desgobierno. Para el efecto, se dicta la ley que crea Juzgados, Notaría, Oficina de Registro de Instrumentos Públicos y Privados, Personería, etc. Así mismo, se decreta la acuñación de moneda especial (Decreto No. 1452) y otras disposiciones promulgadas tendientes a la ordenada marcha comunitaria.

En referencia a la contagiosidad o no contagiosidad del mal de Lázaro, nadie ha dicho con suficientes elementos de juicio la última palabra, irrebatible, que logre cesar la controversia. La enfermedad es aún un insondable enigma en sus causas. Matrimonios enfermos, en estado avanzado, con cinco o más hijos, perfectamente sanos hasta la muerte, nunca registraron trazas del flagelo. Centenares de curas y de monjas, en contacto con la lepra durante cortos o largos periodos, se mudaron a otras parroquias o pasaran a la eternidad indemnes, limpias de cuerpo…!

Hacia finales de la década de 1920 la “campaña antileprosa” pasó a ser un asunto de la higiene pública y la previsión social. Desde 1930, en una política de modernización y racionalidad económica, se intentó disminuir el alto costo de mantenimiento de los lazaretos, promoviendo la salida de aquellos enfermos no contagiosos o “curados sociales” para ser tratados en dispensarios dermatológicos regionales.

De Lazareto a Municipio

El mejoramiento en las condiciones de vida en el lazareto y las prácticas de asistencia generaron expresiones de aceptación o complacencia de parte de los enfermos. Pero en general las políticas aislacionistas se enfrentaron a prácticas de resistencia social directa o soterrada por parte de la población asentada en el lazareto. Por ello, las disposiciones normativas nunca pudieron cumplirse a cabalidad y algunas no llegaron a ser realmente aplicadas. El Estado realizó esfuerzos importantes e invirtió recursos económico considerables hasta 1961, cuando se ordenó la disolución de los lazaretos. Éste nunca logró su objetivo de medicalizar, controlar y erradicar la lepra por medio del aislamiento. En cambio, las medidas preventivas fueron ganando terreno en el manejo epidemiológico y terapéutico de la enfermedad.

Durante las últimas dos décadas de existencia del lazareto, la introducción de un medicamento efectivo para inactivar el bacilo de la lepra a base de sulfotas determinó una política de control de la enfermedad centrada en la administración del tratamiento quimioterápico, el seguimiento de los curados sociales y la búsqueda de nuevos casos infecciosos. Sin embargo, sólo fue hasta el año de 1961 cuando se devolvió a los enfermos el goce pleno de sus derechos y garantías civiles, se suprimió el aislamiento en los lazaretos y se eliminaron los asilos o preventorios de separación de niños sanos hijos de enfermos de lepra. Tras este colapso la población de Contratación se circunscribió al orden municipal y allí se establecieron albergues y lo que hoy es el Sanatorio de Contratación E.S.E., como entidad especializada en la atención de la enfermedad.

Contratación ahora se conoce más por ser un municipio del departamento de Santander, en la Provincia Comunera.

La población basa su economía en los subsidios que reciben los enfermos de lepra así como en los ingresos de los empleados públicos (administración municipal, empleados del leprosorio, y docentes de instituciones educativas estatales). A estos ingresos se suman  los de los escasos productos agrícolas que se cultivan en el municipio, se destacan el maíz, el café y el cacao. El resto de la producción se destina al autoconsumo (plátano, yuca, verduras y frutas). Otro renglón económico es la producción bovina, equina, ovina, porcina y caprina.

Desde la Administración Municipal en conjunto con la Empresa Social del Estado, Sanatorio de Contratación, se  están planificando actividades encaminadas a la conservación del patrimonio histórico (Ley 1435 de 2011) y se están estructurando políticas que le permitan al Municipio proyectarse como un destino turístico cultural y natural que incremente el desarrollo y nivel de vida de sus pobladores.

Fuente: https://leprosyhistory.org

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